En Argentina hay una deuda de Justicia desde el 24 de marzo 1976
Graciela Ledo, hija de Marcela Ledo, presidenta de Madres de Plaza de Mayo filial La Rioja se refirió a la fecha al conmemorarse 45 años
Con motivo de conmemorarse, este 24 de marzo, 45 años del golpe cívico militar en Argentina, Graciela Ledo, hija de Marcela Ledo, presidenta de Madres de Plaza de Mayo filial La Rioja, en dialogo con Aire Fm se refirió a la fecha.
Cabe recordar que la familia es protagonista en la fecha ante la desaparición del soldado Alberto Ledo, caso que tuvo como imputado a César Milani, quien fue jefe del Ejército de 2013 a 2015, en el gobierno de Cristina Fernández Kirchner y tras el juicio quedó absuelto.
Ledo nació en La Rioja, donde era estudiante de la carrera de Historia, al momento de su desaparición tenía 20 años y fue visto por última vez el 17 de junio de 1976, en un campamento de Montero, ciudad ubicada a 55 kilómetros al sur de la capital tucumana.
“Recordar este día es traer a la memoria un hecho nefasto para la historia de nuestro país y del mundo, es recordar que hace 45 años, un 24 de marzo de 1976, se instaura una de las peores dictaduras y más sangrientas que Argentina, un verdadero genocidio”, expresó.
En esta línea, reflexionó “la memoria debe llevarnos a que todas las generaciones futuras conozcan lo que pasó, sin distinción política ni miradas sesgadas de la historia” y añadió que el reclamo de justicia debe persistir y no terminar hasta concretarse, señalando que “la justicia, para las víctimas, está en un punto que no es el que corresponde en una sociedad formada, democrática, capaz de hacer valer sus derechos”.
Asimismo indicó que “hay mucha indiferencia en el pueblo” y no hay acompañamiento para con las víctimas, habiendo aun intentos de negar lo que pasó o de traer a colación la teoría de los dos demonios cuando “acá no hubo dos demonios sino un plan sistemático de exterminio de una generación valiente, lucida y comprometida por una sociedad mejor”, según sus palabras.
“Hay una deuda de Justicia, en una sociedad que cumplirá 38 años sin interrupciones de democracia. Se nos debe justicia, recompensa por tantos años de lucha y por la memoria de nuestras víctimas. A los culpables hay que castigarlos con cárcel, como corresponde”, dijo.
En este sentido, recordó que dos de los responsables por la desaparición de Alberto Ledo, (Esteban Sanguinetti y César Milani), que fueron a juicio, resultaron absueltos.
“Milane ahora dice ser víctima de una conspiración por parte de los familiares de las verdaderas víctimas, de quienes torturó, secuestró y asesinó hace 45 años”, opinó y reforzó “Por su causa mi madre, como otras tantas, pasó la mitad de su vida reclamando justicia que aún no tenemos”.
Además, sostuvo que parte de la sociedad miró para otro lado cuando se reclamaba justicia, “cuando pedíamos que Milani, uno de los responsables de la desaparición de mi hermano y otros crímenes de Lesa Humanidad en la Provincia, no fuera designado Jefe del Ejército y no fuera protegido. No sucedió así, parte de la sociedad miró para otro lado, los testigos dijeron que se olvidaron de lo que pasó, y un Gobierno lo puso como Jefe del Ejército y le otorgó impunidad. Los jueces que lo juzgaron le otorgaron impunidad y la tiene hasta el día de hoy. Lo protegieron y lo siguen haciendo y no lo decimos nosotros, lo dice el Fiscal de Casación Penal Javier De Luca”.
Agregó que continuarán las apelaciones en el marco de la causa por la desaparición de su hermano, “está apelado, en casación la apelación pero no tenemos respuesta. A más de un año seguimos esperando”, expresó.
Recordando los hechos, declaró que "cuando Alberto desapareció le dijeron a mi mamá que había desertado, lo habían visto salir con el capitán Esteban Sanguinetti y no había vuelto. Le dijeron también que lo busquen en La Rioja". Ante esto, dijo que días después de ello su madre la visitó en Buenos Aires, con la esperanza de que el joven se encontrara con ella, lo cual no fue así.
Finalmente, rememoró las situaciones de vulnerabilidad y violencia que ella misma vivió durante esa época, el miedo constante y enfatizó “en Buenos Aires nunca le conté a mis compañeros que era hermana de un desaparecido, por miedo; tarde muchos años en hacerlo público”.
